El nacionalismo, origen histórico

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El nacionalismo, origen histórico

Mensaje  Francisco el Lun Mayo 31, 2010 7:15 pm

Un error muy común es la confusión en el significado de palabras como “patria” “tradición” e “identidad” “pueblo” y su mutación semántica con la llegada del nacionalismo. Intentaré explicarlo, para ello antes he de aclarar dos cosas:

1- El nacionalismo es una ideología dominante y asimilada por la mayor parte de la población, por eso en nuestros razonamientos a menudo caemos en el error de considerar como hechos objetivos lo que son presupuestos ideológicos totalmente arbitrarios.

2- Las palabras-conceptos, con el tiempo van cambiando su significado, de modo que la definición del mismo concepto de diferentes épocas puede ser distinta e incluso contraria. Este es el truco que suele usar el nacionalismo para reinterpretar el pasado a su gusto.

Para entender donde está el error, voy a aclarar cuál era el significado de esos términos antes de la llegada del nacionalismo (muchos de los cuales aún se conservan):

- Cultura; aumento cuantitativo de conocimientos (este significado se conserva como otra acepción de esa palabra “tener más cultura”…).
- Tradición; sinónimo de costumbre local o regional

Para un ilustrado francés (previo al nacionalismo) cultura era algo contrario a tradición, precisamente porque la tradición no pretendía “aumentar” los conocimientos, sino repetir mecánicamente conocimientos previos. Por eso los ilustrados criticaron las tradiciones en nombre de la cultura (las acusaban de limitar la creatividad y fomentar la superstición). Decir que la tradición forma parte de la cultura será una ocurrencia de Herder que tendrá mucho éxito entre los idealistas alemanes (no en Kant) pero hasta ese momento era una verdadera contradicción terminológica.

- Patria; lugar donde viviste tu infancia, (tu aldea, tu familia la calle de tu ciudad, tus amigos…) . Entender esto es algo más complicado, el termino patria, desde la antigüedad clásica, a tenido esta acepción. Pero jamás, hasta la llegada del nacionalismo, fue sinónimo de nación. Al contrario, la patria de un Barcelonés, era distinta a la de uno de Gerona, o Lérida, es más, dentro de la misma Barcelona, tenías muchas patria (los barrios) los ciudadanos defendía su patria cuando su tierra era atacada, porque el enemigo podía asaltar su casa, atacar a su familia…. . De la misma forma un Barcelonés defendía su patria si su barrio era atacado por gentes del barrio vecino. Por poner otro ejemplo, jamás un conquistador español del siglo XVI hubiera dicho que actuaba en nombre de su patria, al contrario, precisamente había abandonado su patria.
Significado del término pueblo antes del siglo XVIII:

- Pueblo: suma cuantitativa de individuos, no cualitativa. Pueblo era un término descriptivo que se usaba para un sinfín de referencias: pueblo como suma de individuos; por eso se hablaba de “griegos” y no de “Grecia” de Visigodos y no de “Visigotilandia”, etc. Por eso un judío de Toledo era, al mismo tiempo, del pueblo de los cordobeses y del pueblo de los judíos, pero ni existía nación cordobesa como ideología aglutinadora (era un término geográfico, físico) ni existía nación judía aglutinadora (era un término étnico o religioso). Aclaro que existió una acepción de pueblo-nación como sinónimo de 3ª estado durante la revolución francesa, pero no hablaré sobre ello porque esta acepción no tendrá éxito.

¿Cuál eran las ideologías aglutinadoras, que crean cohesión social, antes de la llegada del nacionalismo? Las ideologías aglutinadoras principales eran la religión, y la monarquía (nunca la nación). Los hombres en el Medievo y en la edad moderna se sentirán identificados por su religión o por su rey/reina. Por eso los vascos que lucharon en los tercios españoles durante el siglo XVII, ni gritaban viva España, ni viva Euskadi, para ellos eso no eran más que términos geográficos. Gritaban en función de su ideología proclamas religiosas (por Santiago, por la Virgen de…) y proclamas monárquicas (por el rey tal o por la reina pascual). Si alguien hubiera gritado viva España, o viva Euskadi, hubieran sentido lo mismo que si alguien hoy grita “viva la Avenida de la estación” (otro término geográfico).

Por eso los historiadores (normalmente de derecha) que defienden la interpretación nacionalista de la historia, no pueden explicar porque no hubo apenas sublevaciones nacionalistas en territorios sin vínculos “nacionales” con la sede del reino. Un ciudadano de Franco Condado que hablaba un dialecto francés, se sentía un igual con un castellano y con un catalán porque todos eran súbditos del mismo rey y tenían la misma religión. La lengua no tenía importancia, lo importante era el rey y la religión (Por eso Holanda sólo se sublevó al rey español, cuando cambio de religión). Igualmente uno de Zaragoza, se sentía un igual con uno de Nápoles (ambos eran súbditos del mismo rey y tenían la misma religión).

Los historiadores nacionalistas, como necesitan adaptar la historia a su visión, se ven forzados a inventarse conceptos que jamás existieron. Por eso tienen que forzar los términos o inventarse otros. En los textos de esa época, rara vez encontramos algo parecido a España como nación o a la Corona de Aragón como nación. El nacionalismo tal y como lo entendemos hoy era un planteamiento minoritario de una pequeña parte de la élite intelectual con suficiente tiempo para divagaciones teóricas, algo totalmente desconocido para el resto de la población. España era un término geográfico sinónimo de península ibérica (incluía Portugal) y la Corona de Aragón fue un concepto burocrático que apenas se usó en su época, sólo aparece de modo general en el siglo XVIII para referirse a algo que ya había desaparecido. Si hubieras podido preguntar a un catalán donde vivía, te diría que vivía en el condado de Barcelona y un aragonés te diría que vivía en el reino de Aragón y si le hablas sobre la “Corona de Aragón” te pondría cara de tonto y de preguntaría ¿lo cualo? Los reyes tenían listas interminables de posesiones (rey de Castilla, León, Toledo, Granada, Jersusalén, Navarra…) hasta el punto que es posible que ni él mismo te las pudiera repetir sin equivocarse ¿Cómo iban a conocerlos sus súbditos? Solo con la llegada del nacionalismo, empezarán a buscarse nombres para esas supuestas unidades nacionales y se inventarán unos límites “históricos” lo más grandes posibles, los espacios vitales o “lebensraum”; como la Gran Alemania, la España que incluye a Portugal, o los Paísos Catalans, en todos los casos, burdas justificaciones para el imperialismo.

No hay pueblos oprimidos de la misma forma que no hay razas oprimidas, sólo hay individuos oprimidos e individuos opresores. Precisamente estos últimos son los que usarán el cuento de la raza o de la nación para desunirnos en la lucha. El nacionalismo es la ideología preferida por los opresores porque permite poner en el mismo bando al opresor y al oprimido. Hay que ser muy ingenuo para creerse que el enemigo es España, Cataluña, Euskadi, Estados Unidos... y aun más para creerse que con la independencia, habrá menos injusticia e explotación. Cuantas energías desperdiciadas.


Última edición por Francisco el Sáb Mar 24, 2012 12:26 pm, editado 1 vez
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Re: El nacionalismo, origen histórico

Mensaje  iPep el Vie Mar 23, 2012 11:29 pm

Aunque en general suelo estar de acuerdo con casi todos tus planteamientos, considero que aquí en particular te equivocas:
«Un ciudadano de Franco Condado que hablaba un dialecto francés, se sentía un igual con un castellano y con un catalán porque todos eran súbditos del mismo rey y tenían la misma religión. La lengua no tenía importancia, lo importante era el rey y la religión (Por eso Holanda sólo se sublevó al rey español, cuando cambio de religión). Igualmente uno de Zaragoza, se sentía un igual con uno de Nápoles (ambos eran súbditos del mismo rey y tenían la misma religión).»
Considero que en este tema tienes algunas ideas muy erradas, seguramente debido a que has crecido en una zona del país que comulga con el nacionalismo castellano (llamado también españolista), que en palabras de Joseph Pérez, considera "española" sólo la cultura castellana, y en su faceta más folckorica.
Las sublevaciones de las que hablas no se dieron sólo por cambios de religión sino también por motivos económicos, i la realidad de la existencia de naciones diferentes dentro de los territorios del emperador, con realidades culturales diferenciadas, és un hecho, dentro y fuera de la Península Ibérica. No se trata sólo de religión, sino de formas de ver la vida, condicionadas por el clima y la geografía, y también, como no, por la lengua.
Explica Perry Anderson (El Estado Absolutista, Siglo XXI, 2007, p 64-65) al respecto a la "unidad" de la corona española en el siglo XVI: «A finales de siglo había no menos de seis consejos territoriales para Aragón, Castilla, las Indias, Italia, Portugal y Flandes. Si se exceptúa a Castilla, ninguno de ellos tuvo sobre el terreno un cuerpo adecuado de funcionarios locales y la administración se confió a virreyes, que quedaron sujetos al control, tantas veces torpe, y a la lejana dirección de los Consejos. A su vez, los poderes de los virreyes eran normalmente muy limitados. Sólo en América dirigieron los servicios de su propia burocracia, pero incluso allí estaban flanquedos por las audiencias, que les arrebataron la autoridad judicial de la que gozaban en otras partes. En Europa tuvieron que llegar a un acuerdo con las aristocracias locales —siciliana, valenciana o napolitana—, que normalmente reclamaban por derecho propio un monopolio virtual de los cargos públicos. El resultado de todo esto fue el bloqueo de una verdadera unificación del conjunto del imperio internacional y de la misma patria ibérica. Las Américas quedaron jurídicamente ligadas al reino de Castilla, y el sur de Italia a la corona de Aragón. Las economía atlántica y mediterránea, representadas por cada uno de ellos, nunca se fundieron en un único sistema comercial. La división entre los dos primeros reinos de la unión, dentro de España, fue reforzada en la práctica por las posesiones ultramarinas, que ahora se unían a ellos. A fines jurídicos, el estatuto de Cataluña podría asimilarse simplemente al de Sicilia o al de los Países Bajos.»
De igual manera se expresa Henry Lapeyre (Carlos V, Editorial Oikos-Tau, 1971) cuando dice: «Propiamente hablando, el conjunto de Estados de Carlos Quinto no constituían un imperio. Los contemporáneos, cuando lo consideran como una unidad, emplean más bien la palabra «monarquía». Al contrario, existe efectivamente un Sacro Imperio Romano Germánico, e indiscutiblemente a él corresponde el título llevado por Carlos Quinto. Todos los demás estados sobre los que reina, conservan su individualidad y sus instituciones particulares. Destaquemos, por nuestra parte, que ello está conforme conn el espíritu de la jépoca. Se admiten las uniones dinásticas, no las fusiones o las anexiones. Así, todos los gobiernos existentes antes del advenimiento de Carlos Quinto subsistieron y, de forma general, los diversos Consejos, Cancillerías, Tribunales de Cuentas, Estados Generales, etc.
¿Qué hay, pues, como instituciones comunes? Casi nada. Se asistió a una tntativa, no de unificación, sino de coordinación, cuando Gattinara fue gran canciller, pero, después de su muerte en 1530, no tuvo continuación. Mas durable fue el Consejo de Estado, de carácter internacional. A principios del reinado comprendía principalmente borgoñones, que se expresaban en francés. Diez años más tarde, los españoles estaban en mayoría.
¿Cómo pocedía el emperador para gobernar tantos Estados distintos? Se hacía representar por regentes o virreyes. En los países de la jCorona de Aragón no era ninguna novedad, pues desde hacía mucho tiempo formaban una confederación. El reino de Nápoles estaba confiado también a un virrey, y los Paísos Bajos a una «gobernadora». En Castilla, en varias ocasiones fue necesario designar alguien para ejercer la regencia: primero la emperatriz, luego el príncipe Felipe, mas tarde el archiduque Maximiliano y su esposa María y, finalmente, la princesa Juana, viuda del príncipe de Portugal. En cuando a los Estados hereditarios de Austria, fueron cedidos en 1521-22 a Fernando de Habsburgo. Este, además, estaba encargado de los asuntos de Alemania durante las ausencias del emperador y, en 1531, adquiere una más grande autoridad a raíz de su elección como rey de los romanos.»
A esto habría que añadir que un súbdito de Aragón necesitaba atravesar la frontera y la aduana castellana, con toda la documentación necesaria, para ir a Madrid, y que los súbditos no castellanos no podían emigrar a América. España es un intento borbónico, que en el siglo XVIII intenta unificar los territorios peninsulares aunque sólo sea a nivel jurídico. La actual España esta más unida de lo que nunca lo estuvo por las migraciones interiores, fruto del turismo de masas del siglo XX, pero las zonas no castellanas se resisten a perder su identidad, y estan en todo su derecho (independientemente de que elementos de la derecha se adjudiquen esa identidad).
Coincido contigo en el internacionalismo, pero no a base de negar la existencia de diferentes realidades nacionales en España, aunque yo considere que lo mejor sería que no existieran (y soy mallorquín).

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Re: El nacionalismo, origen histórico

Mensaje  Francisco el Sáb Mar 24, 2012 12:20 pm

Hola iPep, encantado de conocerte y muchas gracias por intervenir. La verdad es que me has dado una alegría, hace tiempo que nadie participaba en este foro.

He estado leyendo tus argumentos y me cuesta encontrar algo que replicar porque en términos generales estoy de acuerdo con todo lo que dices.
- Los motivos económicos son la raíz de las sublevaciones, pero yo hablo de la ideología que justifica esas rebeliones de origen económico.
- La existencia de culturas / civilizaciones diferentes por religión, formas de ver la vida, lengua, etc no implica la existencia de nacionalismo. La tesis que yo defiendo es que el sentimiento aglutinador de esas gentes no era nacionalista, sino de otro tipo.

Lo que yo quiero defender es que el sentimiento nacionalista únicamente se difunde entre la mayoría de la población en el siglo XIX y no antes. Y sin nacionalismo no pueden existir las naciones, ya que, según mi concepción, la nación en la que cree el nacionalista es una idea construida intelectualmente sin reflejo objetivo en la realidad.

Releyendo mi mensaje he localizado un error que aprovecho a corregir. Me refiero a esta frase:

“Jamás encontrarás algo parecido a España (como nación) o Corona de Aragón en los textos de esa época.”

Esto es una exageración fruto del apasionamiento pero fácilmente refutable. Así que la edito y la cambio por esta:

“En los textos de esa época, rara vez encontramos algo parecido a España como nación o a la Corona de Aragón como nación. El nacionalismo tal y como lo entendemos hoy era un planteamiento minoritario de una pequeña parte de la élite intelectual con suficiente tiempo para divagaciones teóricas, algo totalmente desconocido para el resto de la población.”

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